No hay rosa sin espinas






Nada es en vano, todo puede usarse para obtener algo positivo de ello, el sufrimiento o dolor pueden ser vias que despierten nuestra inquietud, a hacernos profundas preguntas sobre nuestra existencia, a abrir las puertas hacia el deseo de metas elevadas, a vivir con sencillez, con tolerancia y en resumen a iniciar la autotransformación. Pero hay personas que sin una inquietud profunda buscan una forma de engañarse, espiritualidad "refinada", la espiritualidad postiza, aquella que busca únicamente aspectos bellos, agradables, cómodos, aquella espiritualidad o religión que se adapta a una forma de vivir, al contrario de lo que es adaptar la forma de ser para vivir. Personas que se engañan a si mismas dando mayor importancia a la liturgia que a la autocrítica y el autosacrificio. Espiritualidad seguida por personas que apenas han sufrido y pretenden elevarse sin desprenderse de sus juicios, prejuicios, miedos, apegos, comodidades, costumbres, normas y soberbias hacia una espiriritualidad marchita, de plástico.Sin dificultad no hay crecimiento, y ellos detestan la dificultad. Son personas que desconocen lo que es la pasión en el corazón, no poseen un espíritu para lanzarse a superar retos de forma positiva, su espiritualidad posee la vida y la belleza de un ramo de flores de plástico.

Ninguna espiritualidad es verdadera, ninguna meta es alcanzada sin dificultad, los sufrimientos de la vida nos pueden llevar a comprenderla y a trascender nuestrosmiedos y prejuicios hasta sentir la la vida como la belleza de una flor. Los propios retos, los propios defectos no pueden superarse sin pasión, sin un espíritu aventurero y atrevido, porque enfrentarse a uno mismo se convierte en un camino muy duro de andar si no se hace con el corazón. Ninguna barrera puede superarse si antes no se ha decidido ver los propios defectos y para eso hace falta mucha sinceridad con uno mismo, mucha honestidad.

La pseudoespiritualidad se alimenta de creencias límbicas. Las creencias no tienen cabida ante la certeza que da el percibir las verdades sin velos, las creencias son para los que no quieren descubrir, para los que buscan a medias, para los que adaptan una verdad a su antojo, a su gusto, a sus comodidades. ¿A cuanto estamos dispuestos a renunciar para descubrir?, porque para descubrir uno debe vencer sus propios frenos, traspasar sus muros, ver sus defectos, liberar sus apegos. Para ver sin velos, para tener un cielo claro libre de nubes que empañan el firmamento, para saber, para descubrir, uno debe hacer el camino más duro, vencerse a si mismo y ese camino solo es para los valientes. Como decía el sabio del Tao Te King (Lao Tse): "Quien vence a los demás es fuerte, quien conquista una ciudad es valiente, pero quien se conquista a si mismo es poderoso". Conquistarse a si mismo es duro, solo puede hacerse con pasión, con valor, con intrepidez, con el corazón, con amor, con compasión, con comprensión y con sinceridad con uno mismo. Alcanzar la meta es un gran esfuerzo, con el sudor de la frente, una frente coronada por una corona de espinas, espinas que sangran la ira de nuestro orgullo, las espinas de las dificultades y de los rechazos que debemos trascender para alcanzar la flor de la paz y la belleza en el corazón.

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