Relaciones interpersonales




Muchas personas no pueden llevar sus relaciones de pareja o profesionales hacia adelante.
Las relaciones con falta de sinceridad  interesadas por uno de los integrantes están abocadas al fracaso.

Muchas relaciones por no decir la mayoría se forman sobre cimientos inestables, cimientos faltos de valores profundos. Muchas relaciones se forman de mentiras consentidas, mentiras que llenan nuestro vano orgullo, palabras de “amor” que no se sienten, palabras oídas y aceptadas solo para llenar nuestros vacíos existenciales y  nuestra vanidad. Ninguna persona se libra de la vanidad, a menos que la haya trascendido interiormente, a menos que se haya decidido sinceramente liberarse de ella trabajado para lograrlo.

Se desconoce a nivel general el verdadero sentido del amor, se desconoce el significado de esta palabra. Se dice “voy a darte amor” y se prostituye el verdadero significado; se dice, "voy a darte todo lo que necesitas, voy a darte afecto, seguridad material"; el que lo toma como amor se engaña a si mismo alimentando su vanidad. Pero este no es el significado de amor. Uno puede dar tanto como tenga capacidad, puede llamarle a ello amor, engañarse y después reprochar. Uno vive confuso y acepta mayor confusión, puede autosugestionarse diciendo que le han engañado, pero todo eso no es amor. El Amor no es algo con lo que se comercia, el Amor es la mayor grandeza de la vida cuando se posee. Uno no puede dar a otro lo que no posee y pretender llamarlo Amor. El amor es una plenitud y esta plenitud fluye, da, sin pedir nada a cambio. En esta plenitud no hay una dependencia del otro, no se pide nada al otro. Antes de alcanzar este amor, todo lo que uno necesitaba dejó de buscarlo en el exterior, todo lo que uno necesitaba lo encontró en su interior, en si mismo, en su olvidada y auténtica identidad, libre de confusiones, libre de normas o esquemas, libre de miedos, libre de dependencias. Uno se hizo completamente responsable de si mismo, de todos sus actos y de todas las consecuencias de la vida que son usadas para madurar.

El AMOR es algo que se ha olvidado, se ha borrado de nuestra memoria consciente, solo escuchamos el reflejo de lo que habita en nuestro inconsciente. Pueden darse uno a otro afectos, seguridades materiales, pero damos cosas comunes, inconsistentes. Todo afecto que deba uno necesitar está en si mismo, la felicidad es un estado interior que no puede darte nadie. ¿Necesitas seguridad material?, ¿eso que significa?, ¿tener más de lo que necesitas para vivir?, ¿o lo que en realidad necesitas es una forma honesta de hacerlo?. Se suele esperar encontrar el amor o la felicidad en una relación, en lo que el otro pueda entregarte, nos han condicionado a buscar fuera y a culpar fuera. ¿Puede una persona infeliz en sí misma dar felicidad a otro?, ¿puede una persona que se siente interiormente vacía, dar plenitud a otra?; solo nos engañamos. El resultado de todo esto es sufrimiento, reproches, una vida de pareja sinsentido o la separación, porque esperábamos que la otra persona llenara nuestro vacío. Deseamos esperamos y culpamos. ¿Ven qué tipo de personas somos?. Dejemos de enfocar en el exterior y enfoquemos y busquemos en nosotros mismos.
Hemos crecido evadiendo nuestras responsabilidades, nos han enseñado a buscar culpables a nuestros problemas, nuestro propio orgullo rechaza mirarse en el espejo, ver sus propios errores, sus propias carencias. Andamos buscando culpables, andamos creándonos enemigos, pero cuanto más lo hacemos más nos alejamos de nosotros mismos. Las crisis son el último recurso, un estado de emergencia que nos obliga a centrarnos en nosotros mismos y abrir los ojos para ver y descubrir.

Algunos llegaremos a darnos cuenta de que no poseíamos la madurez para compartirnos porque nos cuesta mucho reconocer nuestras carencias, tenemos un esquema, una voz en la cabeza que te dice, "busca culpables". Todos hemos sido inmaduros y no hemos tenido la capacidad para llevar de la mano a nuestros compañeros en las mismas condiciones que nosotros, porque unos son egoístas, los otros son arrogantes y con los que no tenemos remedio son interesados. Así en las relaciones debemos saber menguar nuestro egoísmo y orgullo.

¿Como va a haber comunicación, un diálogo sincero con orgullo, reproches, culpables?; uno no hace otra cosa que mirar los defectos del otro o guardárselos para en un futuro echárselos en cara al otro. Ya desde un presente se trabaja para la destrucción de la relación.
Sólo en una relación sincera en la que no haya intereses de uno respecto al otro es posible una reconciliación. Solo este amor puede nacer desde la total sinceridad mutua, estando dispuestos a perder al otro por todo lo que exponemos.

Nuestra sociedad confundida hace de nosotros personas dependientes de todo lo exterior. Una sociedad que ha perdido toda dirección, toda relación, toda armonía con la naturaleza, ha roto toda armonía consigo misma; el sincero respeto, la reverencia que se le entregaba se ha perdido. Este respeto se ha convertido en arrogancia y esta arrogancia en vacío, en sinsentido. Buscamos quien nos llene este sinsentido, pero solo encontramos otras personas llenas de este sinsentido que a la fin es vacío; no importa que estas personas muestren un magnetismo atrayente, solo son máscaras creadas y decoradas para conseguir sus vanos deseos.

Nos hemos alejado tanto de lo más singular, de lo más básico de la vida y creamos reproches, buscamos culpables dentro de una sociedad en la que todos vivimos completamente confusos, “nos hemos alejado tanto de la sencillez primigenia”, nadamos todos en un lodo confuso, un lodo creado de normas o esquemas de comportamiento, de normas de convivencia, de normas sobre lo que debemos y no debemos hacer, sobre lo que tenemos y no tenemos que decir, de lo que debemos y no aceptar, de los miedos superfluos o profundos que por confusión nos habitan, de lo que por pereza destruimos, etc. Las cosas se han invertido tanto que ya nos parece malo tirar un trozo de fruta en una calzada de petroleo sólido, incluso nos multan por ello, nuestra realidad es tan artificial, es tan maquillada de cemento, asfalto y plástico, que algo orgánico que debería alimentar el suelo se ha convertido en algo reprochable. Andamos por la calle como si una realidad de hormigón fuera una verdad de la vida, sometemos nuestra consciencia a un espejismo y vivimos nuestra vida hipnotizados en él; cuando nuestra vida se tuerce de una forma que no deseamos sacamos reproches, buscamos culpables. Cuando una vida vacía de certeza, carente de felicidad, carente de armonía, carente de plenitud interior “se tuerce”, evitamos mirarnos a nosotros mismos.
 
Recuperar el amor posee la cualidad de recuperar aspectos que hemos perdido de nuestra infancia, aspectos puros de “ser”, del existir de una forma incondicionada, dejando fluir aquella cándida naturalidad. Debemos recuperar aquellos aspectos que en algún momento de nuestra infancia hacían de nosotros seres alegres, felices, plenos, pero con el añadido de la madurez del temple adquirido en las experiencias, el temple de la comprensión, la tolerancia, la gratitud y la entrega desinteresada.

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