El filtro de la mente



      Los prestidigitadores usan la técnica del enfoque de nuestra atención para ilusionar nuestra mente como observadores. No es que ellos hagan magia, ellos engañan a nuestra mente para que se crea que algo va a suceder, así mientras nuestra mente se fija en el "falso resultado" no nos damos cuenta de la trampa porque nuestra mente no observa el proceso global, cree su propia ilusión. El ejemplo más básico y usado es cuando hacen que centremos nuestra mirada en una mano, mientras la otra está sacando objetos o metiéndolos en un bolsillo. Ellos simplemente se aprovechan de nuestra capacidad de condicionamiento. Si tuviéramos que buscar un culpable al hecho de dejarnos ilusionar deberíamos buscarlo en nosotros mismos, no en ellos como causantes. Somos nosotros los que tenemos una mente condicionable que está desenfocada de una forma global de percibir en todos los aspectos "su realidad". Nuestra mente vive enfocada en el tunel de la percepción limitada que ella misma se crea, ella ve solo lo que desea ver. Por eso hay un hecho básico muy importante, uno no va a ver o descubrir nada que no quiera ver o descubrir.

En este túnel la mente arrastra consecuentemente con ella nuestra forma de sentir, por eso nuestra felicidad está condicionada por la mente, está sometida a dualidades, la risa y el llanto, la alegría y la tristeza, la esperanza y la desconfianza, etc, y básicamente, la mayoría estamos sometidos a un estado crónico de enfado subconsciente que nos impide experimentar paz interior. Nuetra mente se halla condicionada a menos que nos liberemos de ella misma, de su forma enfocada de percibir y por tanto ser.

Siempre digo que nacemos solos y solos vamos a dejar el mundo, y es en esta soledad que debemos experimentarnos a cada instante presente como entidades plenas sin dependencias de nadie. Podemos compartirnos de una forma que multiplica nuestra felicidad, pero solo podemos hacerlo poseyendo una felicidad propia; entonces podemos sumar. Si no poseemos esta plenitud debemos reencontrarla; vivir dependientes y apegados de placeres y miedos es vivir alejados de nuestra verdad interior. En el camino intermedio entre nacimiento y muerte debemos ser seres plenos, no dependientes de aspectos exteriores, debemos poseer nuestra felicidad y amor soberano, aquel estado de plenitud que recibimos al nacer y que fuimos perdiendo al crecer en esta sociedad confusa.

Está claro que uno nace y se da cuenta que debe sobrevivir en este mundo, sobrevivir en el sentido de hacerse responsable de su sustento. Nuestra existencia está también condicionada por nuestros deseos y miedos, por la capacidad que tenemos de afrontar esta responsabilidad sin hacerlo a costa de nadie, así cuanta más responsabilidad asume uno en tomar su vida sin hacerlo por encima de nadie, sin hacerlo por encima del nivel de nadie, sintiéndose uno al mismo nivel que los más humildes, más fuerza interior y plenitud nos otorga la sinceridad de ejercerlo, porque esta humildad se experimenta en el corazón y lo llena.

También en el camino de la responsabilidad la mayoría nos perdemos en el apego a los placeres cuando ellos deberían ser las guindas de la vida. Caemos en la normalidad, en la ordinariez de los placeres cuando deberíamos experimentarlos con la profundidad y la frecuencia que el corazón conoce, de otra forma nuestra vida queda enfocada en experiencias que nos sumen en el vacío interior, vacío en tanto que vida sin sentido. Si uno aprende a experimentar cualquier pequeña cosa de su vida mediante el placer está desarrollando su gozo interior, el gozo de experimentarse en el estado de presente, todo lo contrario de la búsqueda únicamente de los placeres sensuales que nos alejan de la experiencia del placer de cada instante.

Pero lo que quiero dar a entender en este comentario es que uno debe poseer o desarrollar un enfoque global en su percepción, pues es un hecho que como individuos creamos nuestra realidad-sociedad según nuestra forma de enfocar.  Asi de forma individual, mediante una forma de vida dirigida hacia objetivos separados de la globalidad sucumbimos en la infelicidad de los sufrimientos por estrechez en nuestras miras. Así vivimos enfocados en cualquier cosa que no sea nosotros mismos como responsables al 100% de nuestra existencia. Desde que nacemos nos enseñan y aprendemos a enfocar nuestra atención y por consiguiente nuestros deseos y, todo nuestro ser se sumerge en esta confusión. Enfocar la atención de forma global conlleva la expansión de la conciencia, la expansión de nuestra forma de observar, de ver, de pensar, de sentir y de actuar. Cambia toda nuestra realidad individual y aquella con la que nos relacionamos. Transformamos el mundo.


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