Plásticos, el asesino de la vida



Deberíamos hacernos conscientes y responsables por los problemas que afectan nuestro mundo. Es nuestra inmadurez en nuestros actos lo que está abocando a este mundo a la ruina de sus especies y de su ecosistema. Deberíamos sentirnos avergonzados y actuar en consecuencia, pues un planeta que ha necesitado millones de años para evolucionar y alcanzar su biodiversidad está siendo relativamente destruido en dos siglos de vida tecnológica humana, vida tecnológica que debería poseer los necesarios agentes para luchar contra la contaminación en todos sus aspectos. Tristemente la mayoría de personas siguen con su vida contradictoria, no quieren hacerse conscientes de sus actos, de su responsabilidad. Lo único que nos importa es nuestra supervivéncia a toda costa, sin principios, con hipocresía, no estamos dispuestos a renunciar por principios. Criticamos a los demás epero no actuamos constructivamente; hacemos lo contrario. La mayoría de personas pensamos y actuamos de forma esquematizada, no creemos que se pueda cambiar o más bien ni nos lo planteamos. La verdad es que hacemos lo contrario, en vez de ser las personas sencillas y auténticas que debiéramos ser cultivamos y educamos nuestra personalidad para adaptarla a nuestros deseos, una personalidad "refinada", adaptada para atraer lo que deseamos. Eso que hemos trabajado, educado, tenemos miedo a perderlo y lo defendemos, ya que fuera de eso no existe sentido. Se tiene miedo a dejar lo que se tiene, lo que se conoce, se tiene miedo a lo desconocido. No nos decidimos a cambiar nuestra forma de ser porque hacerlo implica dejar de ser lo que se es. Si realmente nos diéramos cuenta de que nuestra forma de ser es confusa nos atreveríamos a cambiar. Pero el orgullo es muy fuerte, porque ante una vida vacía nos aferramos a él para sentirnos vivos. El orgullo se crea en la pubertad, cuando el adolescente quiere hacerse adulto de forma rápida, cuando el adolescente ante su propia inmadurez debe crearse una máscara ante los demás que inspire una madurez o seguridad aunque falsas, “aparentar”. Es este orgullo el que crea este cascarón de falsa seguridad ante la evidencia de su propia inmadurez, de su vacío interior, vacío que se ha iniciado al ser influido hacia diversas ambiciones y del desear ser algo más de lo que se es en si mismo. Y es el no poseer el conocimiento del valor de ser uno mismo, es esta ignorancia en el niño la que lo aboca a perderse a si mismo, pues el niño en principio es feliz, pero por ignorancia pierde esta felicidad, por causa de los condicionamientos de toda una sociedad confusa. Así vivimos intentando llenar esta antigua felicidad perdida, tomando del exterior de innumerables formas, para llenar un vacío imposible de llenar, pues este vacío solo puede llenarse por si mismo, desde sí mismo, desandando el camino, volviendo a ser uno mismo, recuperando toda la autenticidad perdida. Si el ser humano reorienta la búsqueda de su felicidad hacia su interior toda la destrucción desaparecerá y la creatividad tomará su lugar para reconstruir lo que quede por reconstruir, porque para muchas cosas u otros seres ya será tarde. En este momento las personas nos sentimos vacíos, como envases vacíos de plástico, y como lo que somos, materializamos, "mares de plasticos vacios" que ni viven ni dejan vivir.




El problema de los plásticos acumulados en el pacífico es un tema hace tiempo conocido por parte de muchas personas. El giro subtropical del Pacífico norte es una zona gigante, convertida en un continente de basuras sólidas derivadas del petroleo. Delimitado por el norte con Alaska, por el sur con las Islas Hawai, por el este con la costa de California y por el oeste con Japón, el grosor de ese potaje de partículas plásticas alcanza hasta los treinta metros de profundidad y su área se especula que puede tener dos veces el tamaño de Estados Unidos. La organización AMRF estima que desde 1997 hasta hoy la placa de basura ha triplicado su tamaño, y proyecta su posible superficie en diez veces más para 2030. El continente está formado por piezas enteras de basura plástica y por los pedazos en los que estas por el sol y la abrasión mecánica se van desmenuzando hasta convertirse en un zooplancton sintético, convirtiéndose en una sopa juliana plástica de la que se alimenta toda la vida marina de la zona (peces y aves) los cuales muchos acaban muriendo por desnutrición o por el envenenamiento producido por la gran cantidad de elementos tóxicos que como una esponja química absorben estas partículas plásticas. Se sabe que los plásticos aun cuando puedan desmenuzarse en partículas más pequeñas (incluso a nivel molecular) no se desintegran hasta al cabo de 100 años como mínimo, por no decir mil años según los científicos. Según ellos, cuando el plástico se descompone libera la sustancia bisfenol A (BPA) y el oligómero (PS) que son potencialmente tóxicos. De acuerdo con otros estudios, tanto el BPA como el PS pueden alterar la función hormonal en los animales, afectar gravemente su sistema reproductivo o crear cáncer. En esta zona se acumulan 6 kilos de partículas plásticas por cada kilo de plancton.

PLASTICO OCEANOS
http://www.youtube.com/watch?v=B3647uuXwCw 

Pienso que es un acto criminal hacia toda la vida en el planeta (todas la especies incluyo el ser humano mismo), el hecho de que se permita el uso de envases plásticos alimenticios, lo que es más usado y desechado diariamente. ¿Tan difícil es negarse a consumir productos envasados en plástico?, si todos nos negamos hoy, mañana no os habrán, dejemos de mirar que hacen los demás y actuemos por reponsabilidad propia. Si hubiera habido el mínimo de buena conciencia nunca se hubieran permitido estos envases, porque una investigación inicial hubiera desvelado los funestos efectos, quizás ya se temían los resultados, pero al poder lucrativo poco le importa el futuro, solo le importa el propio beneficio, es el simple egoismo que por condicionamiento y confusión cada uno lleva dentro de si mismo.
Es increible que a pesar de como están las cosas se sigan lanzando al comercio estos envases. ¿Quienes defienden los derechos a la vida? Nuestra falta de responsabilidad, nuestra relajación, permite el negocio del desprecio por la vida y la ceguera política. Nuestra admiración por los adinerados convierte nuestra sociedad en una espiral de contradicciones y destrucción, en una serpiente que se come la cola.

Se necesita una profunda transformación desde la infelicidad que es la que destruye para llegar a la felicidad que devuelva la armonía, la urgencia para hacerlo llama a nuestra puerta y ella nos dicta los pasos que debemos tomar. Si estamos decididos a escuchar, oiremos y actuaremos, en caso contrario seguiremos encerrados en nuestra burbuja de orgullo e indiferencia, con nuestra vida de infelicidad y destrucción a costa de todos los que habitan este planeta. Si no nos transformamos a nosotros mismos el mundo está abocado a la ruina.
¡Este bello mundo que ha necesitado millones de años para evolucionar hasta lo que es, con toda su diversidad de especies y en un perfecto equilibrio ecológico!. ¿No es un milagro lo alcanzado?, ¿no es un milagro este planeta?, ¿porque no adoramos y amamos este milagro?, ¿como vamos a educar a nuestros hijos en el respeto y el amor hacia la vida si nosotros no lo poseemos?, por eso la primera responsabilidad es “ser feliz”, porque cuando uno es feliz lo es sin necesidad de nada, porque uno vuelve a ser feliz cuando se recupera a si mismo, porque cuando uno vuelve a ser "si mismo", cuando uno se ha liberado de todas sus máscaras, miedos, prejuicios, ambiciones, preocupaciones, desde esa sencillez uno vuelve a ser uno con todos los demás. Cuando uno se ve a si mismo en el corazón de los demás uno se hace responsable por el respeto que se tiene a si mismo y a todos los demás.
Ser feliz es el primer paso, a partir de ahí se abren otras puertas, la búsqueda o el descubrimiento de otras certezas, sobre la nueva seguridad sentida ante la vida, sobre una nueva forma de sentir nuestro cuerpo, de hacernos más sensibles a él y a nuestro estado de salud, hay todo un camino de descubrimientos ante nosotros.

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